Tras el paso del huracán Erick, más de mil pequeñas y medianas empresas turísticas en la Costa Chica de Guerrero enfrentan una crisis sin precedentes. Hoteleros y restauranteros denuncian que solo el 25 por ciento ha recibido apoyos gubernamentales, mientras que el resto permanece en el abandono. Los daños superan los 100 mil pesos por negocio, pero los créditos otorgados apenas alcanzan los 20 mil, dejando a muchos sin posibilidad de reactivarse.

A la par, comunidades indígenas y afromexicanas de San Luis Acatlán y Marquelia acusan exclusión institucional y racismo estructural. El Consejo Indígena y Popular de Guerrero-Emiliano Zapata (CIPOG-EZ) advierte bloqueos carreteros si no se atienden sus demandas: reconstrucción de viviendas, escuelas, caminos y servicios básicos. Denuncian que ni Claudia Sheinbaum ni Evelyn Salgado han presentado censos ni planes reales de recuperación, limitándose a despensas y promesas vacías.

Mientras el turismo local agoniza y los pueblos originarios claman por justicia, el Estado parece más enfocado en la narrativa que en la acción.






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