Redacción / Chilpancingo. La creciente ola de violencia que azota Chilpancingo obligó al alcalde Gustavo Alarcón Herrera y a su secretario de Seguridad Pública, Abraham García Valente, a sentarse en la Mesa para la Construcción de la Paz. La presión llegó tras el paro de transporte público y la parálisis de actividades por los recientes ataques del crimen organizado.

Esta acción, encabezada por autoridades federales, subraya la gravedad de la crisis de seguridad que históricamente ha golpeado a Chilpancingo, señalada desde 2016 como una de las 50 ciudades más violentas del país. A pesar de los esfuerzos de coordinación interinstitucional, la ciudad sigue lidiando con homicidios y extorsiones, lo que genera «psicosis» en la población. La Mesa busca una estrategia unificada para restaurar el orden y la paz social.

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