Redacción / Acapulco. La muerte de Dalila Acosta Medina, agente de la Guardia Nacional en Acapulco, ha encendido las alarmas sobre la violencia de género dentro de las instituciones de seguridad. Aunque la versión oficial apunta a un suicidio ocurrido el pasado 6 de enero, su familia denuncia un brutal feminicidio.


El cuerpo de Dalila, de 28 años, presentaba huellas de tortura: marcas de botas, golpes y heridas incompatibles con un disparo autoinfligido. Además, la familia señala graves irregularidades: cámaras de vigilancia «inservibles» en el destacamento y la desaparición de uno de sus teléfonos.

Este caso no es aislado. En octubre pasado, bajo circunstancias similares, se reportó la muerte de Stephany Carmona en el mismo batallón, al inicio clasificada como «accidente» y después rectificada como homicidio. Dalila ya había advertido sobre el acoso laboral en la corporación.






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