Redacción / Chilpancingo. Tras 25 años de dominio en las regiones Centro, Montaña y Costa Chica, el grupo Los Ardillos enfrenta un asedio sin precedentes. La reciente incursión de hasta 400 policías comunitarios de la UPOEG, CIPOG-EZ y CRAC-PF en diez comunidades de Tecoanapa y Juan R Escudero marca un punto de quiebre en el control territorial de los hermanos Ortega Jiménez.

Este avance civil coincide con una pinza criminal estratégica: la alianza entre Los Tlacos y el CJNG, quienes empujan desde el sureste, sumada a una «tregua» operativa entre Los Tlacos y La Familia Michoacana en la zona Norte.

Mientras los enfrentamientos en Chilapa y Hueycantenango dejan bajas constantes, la población padece extorsiones extremas y el control de suministros básicos. Este escenario de «río revuelto» redefine el poder fáctico en el estado, ante una autoridad formal que ciudadanos y analistas perciben como rebasada.

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